Autor: Carlos Robles
ISBN: 978-987-9364-37-6
326 pag.
22x15
Editorial: Ediciones del Robledal
Carlos Robles lleva escrito nueve libros, entre cuentos, ensayos y novelas. En ellos, algunos breves, otros de mediano pulso, se advierte las innumerables facetas que nutren su observancia cuando se cuenta con el don de clasificar distintos estamentos y situaciones que el movimiento cotidiano alumbra, muchas veces en franca superación a la creatividad literaria.
Satisfecho con la contemplación de la realidad que se inserta en los matices más sutiles de un estro imaginario, Robles ha incursionado con profundidad en escritores de la talla de Chejov, Dostoievski, Hemingway, Cortázar, Julio Ribeyro, Henry Miller, Lawrence Durrell, Saint Exupery, William Faulkner, Thomas Pinchon, entre otros, en un entusiasta esfuerzo por descubrir el meollo de la narración que mantiene suspenso y tensión, para luego rematar el trabajo en un lago de calma o de sangre.
Así, se le ocurren temas que compiten entre lo autobiográfico y lo esotérico, entre accesos de emociones tiernas y raptos de violencia incontrolada. Para este contexto, no hay mejor escenario que sus viajes y experiencias vitales, ya que si se trata de dar vida y agilidad a los personajes, historias, imágenes, paisajes, un toque de la memoria, otro de la inventiva, y el trabajo se perfila sin dificultad alguna, en concentración manifiesta para concatenar momentos de lujuria o de arrepentimientos por acciones perpetradas en el filo de navaja de mentes equilibradas o desquiciadas. Basta amalgamar la presencia del diario trajín con situaciones que fueron desarticuladas años, décadas atrás, y la narración fluye de manos del escritor con un sonsonete multiforme, pleno de indignación por tanta discordia como la que impera en estos tiempos de llantos, sofocones y, de cuando en cuando, un suspiro de satisfacción.
Y de eso trata Matrimonio Blanco, un conjunto de veintisiete narraciones que tienen como factor común una prosa original, un desborde de anécdotas, y el culto a la idiosincrasia de la región aunque para esto el autor haya apelado a una tradición genética cuidándose de no narrar plañideramente la cultura de la pobreza, la calle enripiada, las casas de adobe, sino un universo amplio, de superjets y mansiones harto lujosas, de iniciativas faraónicas, de empresas todo terreno, para ampliar en el lector su espectro de madurez intelectual que lo haga superar el nivel de mediocridad y chatura a que lo impulsa la ley natural de vivir.