En 1944, la Segunda Guerra Mundial afecta a Europa y países como Estados Unidos. En Argentina el sufrimiento es más sentimental que material. Muchos inmigrantes europeos aún tienen familiares cercanos en sus países de origen.
En Salta, en el mes de septiembre, tan caro al corazón de sus habitantes dos personas de muy distinto origen y status social se encuentran.
Ella es Dionicia Gonza nacida, veinte años atrás, en Seclantás. Cursó la escuela primaria en Cachi. Su capacidad descollante y sus ansias de aprender motivaron que el secundario lo hiciera en la Ciudad de Salta. Dos años atrás se había recibido con medalla de oro. Estudiaba enfermería y trabajaba en una casa de artesanías en el Hotel Salta, Arthur Spencer, había nacido en Canterbury en el año 1916. Pertenecía a la nobleza y su padre, el Conde de Canterbury, integraba la Cámara de los Lores. Estaba en Argentina desde 1942. Trabajaba en la Embajada Británica en Buenos Aires pero reportaba directamente al Foreign Office.
Ese encuentro iniciará una historia que nos llevará, a través de los años, a acontecimientos simples y de los otros mezclando personajes y lugares difíciles de imaginar.
Con un lenguaje llano y una trama sorprendente, la novela nos atrapa desde el principio al fin. Temas como el amor filial, el de pareja, el honor, la amistad, así como lo complejo de las relaciones humanas y el paso del tiempo se entrecruzan para dar al lector un libro ameno y pleno de humanidad.